ENCUENTRO CON EL AMOR

Es difícil expresar lo que significa AMAR puesto que es

todo menos un conjunto de conceptos que lo limitan.

Sin embargo, cuatro ingredientes son imprescindibles:

La Alegría y el buen humor, la Compasión, la Entrega total de si mismo y el Respeto de la persona tal como es sin querer cambiarla. Que sea amistosa, familiar, social o profesional, donde se alberga el Amor, el egoísmo desaparece. El Amor es generoso, tierno, cariñoso y bondadoso. Nos alivia dulcemente. Es fiable pero también independiente y autosuficiente. Es inocente, libre, constante,  Sagrado. No tiene nada que ver con la ira,  el miedo, el odio, el malestar y la perdida de nuestra identidad.

Es un sentimiento, que en si es ilimitado. Parémonos un instante para leer estos puntos e identificar nuestra forma de Amar. Quizás no estemos amando realmente, sino sintiendo un pseudo-amor que nos conduce inevitablemente al sufrimiento. Anotemos estas lineas, abramos los ojos y actuemos.

 10 Claves imprescindibles para cultivar el Amor

                 1- Somos dos naranjas completas nacidas de un árbol vecino

                     o a veces de un primo hermano de la naranja.

 

El Amor auténtico es el encuentro de dos naranjas enteras que no necesitan a nadie para sentirse completas. Dos naranjas que logran por si mismas sus metas. Somos dos seres que se regocijan de estar juntos en buena compañía. La relación es apasionada, refrescante, dinámica y deliciosa.

                 2- El Amor que te tengo es igual al amor que me tengo

Amarnos a nosotros mismos es la condición fundamental para amar a los demás. Cuidamos con cariño  la persona con quien fomentamos una relación pero ese Amor incluye también el Amor que me tengo a mi mismo sin perder nuestra identidad. Es imprescindible para el equilibrio de la pareja o para el equilibrio de cualquiera relación, con nuestros padres, hijos y amigos.

                  3- Dos vidas que se encuentran

Antes de compartir el camino juntos, hemos organizado nuestras propias vidas. Solos cumplimos  nuestros logros hechos de encuentros, retos, ocios y actividades. No buscamos al Príncipe Azul o a nuestra Dulcinea para vivir plenamente. Sabíamos que lo encontraremos.

                  4- Ambos disfrutamos de nuestros logros

Cada uno progresa y disfruta de los éxitos que nos aportan felicidad pero también nos alegramos de los triunfos de nuestra pareja que se celebran y se valoran en común aunque sean distintos de los nuestros. Juntos, compartimos gustos afines, metas y  superamos dificultades. Si es necesario, impulsamos aliento, vitalidad y confianza.

                   5- Valoramos

 

Una buena auto-estima es la base de una relación sana, feliz e irradiante de Amor. Si sabemos amarnos y respetarnos, sabremos Amar y valorar a la persona con quien compartimos nuestra vida. Ese vínculo se edifica sobre la aceptación mutua,  allanando el camino que nos conduce hacia la felicidad. Dándoles la fuerza y el coraje de cumplir todos sus sueños.

                  6- Somos iguales en la relación

Pero, somos diferentes en nuestro propio ser y esa diferencia se debe de respetar y honrar. Es imposible ser idénticos. Si podemos acomodarnos con los pequeños defectos de nuestra pareja sin intentar de corregirlos puesto que no coartan nuestra personalidad, entonces podremos incrementar una relación dinámica y duradera.

                 7- Dar incondicionalmente

 

Es la cualidad humana más bella. Pero ese don de Amor debe ser compartido. En el caso contrario, la relación se desequilibra. Ambos debemos sentirnos enriquecidos de ternura, paz y acogidos tal como somos. La pareja se forma en la igualdad, la benevolencia, la compasión, el compartir saludable y la felicidad de vivir juntos.

                 8- Dialogar es esencial

 

Saber dialogar es expresar nuestros sentimientos y no interpretar erróneamente las conductas de nuestra pareja. Las proyecciones son nuestros peores enemigos. Mecanismos de defensa de nuestro pequeño yo, proyectamos sobre nuestro cónyuge o hijo, nuestros propios pensamientos, traducidos y no lo que ellos sienten.

Los desacuerdos unen. Son necesarios para comprender y aprender de uno sobre otro. Compartir no significa discutir. Hablar incrementa y refuerza la relación.

               9- Proyectos y deseos comunes

 

La pareja crece con el anhelo de realizar proyectos juntos y  el placer de descubrirse cada vez más: diversiones, viajes, actividades y relaciones sociales conducen al equilibrio de los enamorados.

                 10- Sois libres

 

Cada uno es libre pero Responsable. Libre de dar pasos, de elegir y de tomar decisiones a nuestro antojo, libre de compartirlos o no. Nuestra relación se enriquece de Amor, respeto, con atenciones cuidadosas, con amabilidad y sin coartar la libertad. Nuestra pareja no nos pertenece al igual que nuestros padres, amigos e hijos. Amar libremente es el único camino que nos conduce a la felicidad.


 

               Una relación de enganche, de dependencia

           puede convertirse en un vinculo tóxico para nuestra Salud

Nos ocurre, a veces, empezar una relación y creemos que estar enamorados. Nuestros sentimientos y  emociones nos engañan y producen ceguera. Sin darnos cuenta nuestra identidad. Nos despertamos un día frente a un ser que dirige nuestra vida, nos critica, juzga y condena nuestras conductas. Perdemos nuestra libertad y felicidad. Dejamos de ser uno mismo. Atrapados y enganchados, dependemos del otro. Esas relaciones sentimentales pueden llevarnos a un pseudo-amor tóxico y nocivo.

Egoísta y posesivo, ese supuesto amor crece con el miedo. Sobrevaloramos a la pareja. El estrés se instala. Estamos ansiosos y obsesionados. Dejamos de estimarnos y de apreciarnos. Nuestra única preocupación es dedicarnos exclusivamente a las necesidades de nuestro bien-amado(a). Es lo único que importa, aún a costa de nuestra salud física y mental. Nos agarramos a un estado de euforia, vitalidad y optimismo desmedido con tal de verlo(a) feliz.

Estamos en vilo, la mayoría del tiempo angustiado y preocupado.  Es un vínculo que puede destrozarnos.

El amor provoca ceguera, el conocimiento nos ofrece la vista. Tomando en cuenta lo siguiente, despertamos y permitamos que nuestra relación crezca positivamente.

      10 componentes que se interponen al Amor

                  1-Seres incompletos que tropiezan juntos: Dos mitades de naranja

En ese tipo de relación buscamos el otro para completarnos, valorarnos y compensar nuestras carencias afectivas.  Somos la mitad del otro a quien necesitamos para que nos preste atención y sentirnos vivos. Vamos a ahogarlo y encadenarlo. Todo aquello crea expectativas que no se pueden satisfacer. No tenemos ninguna vida social excepto la que tenemos juntos. No valoramos salvo si es para conseguir algo del otro. El aborrecimiento y el resentimiento van de la mano cuando uno no ejecuta las peticiones  o cuando  tiene la sensación de vivir a la sombra del otro.


 

                2- Tenemos carencias

Vivimos la relación con la sensación de no haber disfrutado lo suficiente de forma individual. No tenemos recuerdos personales agradables. Encargamos a nuestro querido amor de una imposible y pesada misión, superar nuestros sufrimientos, miedos y malestar. Los derechos, deseos y necesidades de nuestra pareja serán ignorados en cuanto estemos seguros del enganche para  imponer los nuestros.

                3- Fusión = Confusión

Nos privamos de lo que es esencial para nuestro equilibrio. Sueños, deseos y propósitos se abandonan a beneficio de la pareja. Estamos dependientes y atados. Todo esto sólo puede producir frustraciones y conducir al hartazgo de la relación.

 

               4- Encadenados y secuestrados

Por miedo a perder nuestra pareja nos obstinamos en conductas asfixiantes. Amenazas disimuladas, sentimientos llenos de culpabilidad o chantajes dirigen la relación. No podemos tomar decisiones por separado sin que nuestra mitad se sienta afectada o dolida. Además, es difícil también tomar iniciativas puesto que hemos perdido confianza y decidir por nosotros mismos nos da miedo. Hemos confundido compartir y depender. Nos sentimos sumergidos totalmente en nuestra mente por nuestra pareja incluso cuando está ausente. Los celos y la posesividad son considerados como unas pruebas de amor.

               5- Estamos en competición

 

Nos dejamos llevar por la envidia. No valoramos los logros del otro porque nos parecen que son una amenaza. Si uno  destaca, el otro tiene miedo: miedo a perder su pareja, miedo a no ser nadie, a ser rechazado o olvidado. Sentimientos de impotencia y de inferioridad minan la relación.

              6- Superioridad

Uno domina y reprime al otro para ocultar su inmadurez, su gran vulnerabilidad y sus debilidades. Queremos imponer nuestra verdad y lo que importa es tener razón para sentirnos tranquilos. En realidad la creencia de ser superior y de querer dominar revela un sentimiento de inferioridad. Las diferencias se utilizan para hundir en lugar de ser valoradas. Si uno cede con miedo a perder a su mitad, el otro lo pagará muy caro. Ese miedo lo incita a adoptar conductas de sumisión, como un niño desesperado, atemorizado para enternecer y recuperar su prepotencia. Se viste de víctima para volverse verdugo.

El rencor está fuertemente presente. Predicamos mentiras para sacar la verdad. Existe poca alianza. Nuestra pareja ignora nuestras peticiones aunque os dice tomarlas en cuenta. Con mala fe, dirá que no le has dicho nada : ¡¡¡No lo he hecho  porque no me lo has dicho !!! .

                  7- Dar sin recibir

 

Uno lo da todo, el otro se limita a recibir y a despreciar lo que recibe. No piensa nunca en ofrecer algo de forma espontánea y si lo hace es a disgusto con vejaciones hirientes. La pareja no tiene ninguna idea de lo que pudiera complacer al otro. Eso provoca quejas de parte del que da.

                 8- El respeto no existe

 

Humillaciones, desvalorizaciones e insinuaciones directas o indirectas animan ese supuesto amor. Las mentiras y desconfianzas van de la mano. Es un enganche nocivo. Se habla de forma desagradable y sin respeto. Los gritos están presentes con información gestual para machacar, aniquilar y destrozar la imagen del otro. Se sueltan palabras horribles. Dolorosas y dañinas hacen que nuestra autoestima esté por el suelo. No se puede dialogar puesto que no se escucha. No se soportan las críticas y se niegan las evidencias.

                 9- No hay proyectos común ni dialogo verdadero

No se comparte nada o poco, se mantiene la relación sin saber por qué. Nuestras formas de concebir la vida y el futuro en general son opuestas. El uno sigue al otro sintiéndose disminuido. No coincidimos en nuestros deseos y en nuestra forma de ver el presente. La pareja no asume ninguna responsabilidad pero echara la culpa al otro de haberlo provocado: Me has buscado, me has obligado a..., es culpa tuya... no tenias que.. Te dice también que no te entiende, que no te expresas correctamente. Si por suerte hay conversación, la pareja te hará un discurso lógico, coherente y alentador. Sin embargo sus conductas y actitudes te demostraran lo contrario.

                  10- Discusiones, conflictos estériles por costumbre animan la relación

 

Las discusiones permiten averiguar la fuerza de ese pseudo-amor puesto que si el cónyuge reacciona eso significa que somos importante para él. Es una relación agotadora donde no se esclarecen los malentendidos. Acumulando rencor y dolor para sacarlos por medio en cualquier oportunidad.


                                      Como transformar une relación de 

                       dependencia en un Amor Autentico
 

        Tranquilos

 

La mayoría de las relaciones intimas no funcionan y más en los primeros encuentros amorosos. Tomamos como referencia, las privaciones, satisfacciones o vivencias que nos acompañaron durante nuestra niñez. Ese supuesto Amor se construye en general con las creencias e ideas que heredamos de nuestros padres, en acción o reacción a la educación que hemos recibido. Desde bebé dependemos, para nuestra supervivencia, de nuestros padres o de su substituto. Nos enganchamos para crecer y llevar a cabo nuestros logros. Por desgracia, casi todos nacemos y recibimos una educación tóxica bastante arraigada. Esos fallos se plantean sobre un patrón donde se sanciona o se recompensa, se impone en lugar de dialogar. Imponemos nuestra autoridad y obligamos. El miedo está presente en nuestro desarrollo personal. Ese cuidado a no decepcionar o a no perder a la persona querida es una barrera que se interpone ante el Amor. Se instala una confusión.

             La dependencia emocional

Hacemos nuestros primeros pasos en busca de alguien que tranquilice nuestras inquietudes, calme nuestras ansiedades, que nos refuerce, nos anime pero la frustración gana terreno. Ese vinculo empieza con las tuercas de la autoestima mal ajustadas. Agotados por nuestros sufrimientos y nuestra impaciente necesidad de ser amados vamos a atarnos. Pensamos que debemos hacer esfuerzos para complacer al otro y ser queridos. Vamos a dotar a esa persona con vestiduras que idealizan el concepto de Amor. La miraremos no como es realmente sino como quisiéramos que sea. A veces, también intentamos modificar su apariencia imponiéndole un nuevo look. La disfrazamos.

Organizamos nuestro mundo basándonos en ideas prefijadas, esquemas y juicios. Utilizamos todos un traductor diferente que nos proporciona seguridad.

Si vivimos con incertidumbre, malestar y inseguridad, si estamos atormentados, es muy probable que estemos en una relación de apego.

No podemos amar nuestra pareja, padre, hijo en un momento determinado, cuando conforta todos nuestros deseos y agredirlo en otro.

Podemos modificar ese estilo de relación si somos consientes de nuestro nivel de sufrimiento. Romper con esa relación, no es la prioridad. Todas las dificultades son una oportunidad de entrar en contacto con nuestro ser.


 

            Los tres D: Decepción + desolación = Despego

Al principio de un encuentro, los enamorados encaminan en perfecta armonía durante un cierto tiempo. Han recibido en sus tiernos corazones el flechazo de Cupido, anestesiando  sentidos y despertando  buen humor. Nos sentimos valorizados y amados. Somos invencibles. Pero, tarde o temprano nuestra pareja no compensa nuestras necesidades. Las dificultades inevitables de la vida y los desacuerdos ineludibles nos van a obligar a reconsiderar nuestro apego.

Decepcionados, insatisfechos y afectados, sentimos ira puesto que la pareja despierta nuestra impotencia, carencias y sentimientos de abandono a no actuar como quisiéramos. Padecemos rechazo y inseguridad. La percepción que tenemos de ella cambia. Esas conmociones nos obligan a distanciarnos y a conectarnos con nuestro propio ser.

          Resisto al cambio = Tengo miedo

El miedo aparece de nuevo. Resistimos para no ver a nuestro querido amor con sus debilidades que hacen eco a las nuestras. Se vuelve un enemigo, de hecho, atacamos. No echemos la culpa a nuestra relación de maltratos. Cuando surgen los desacuerdos, abandonemos esa necesidad a veces obsesiva de querer tener razón. Queremos imponer nuestra voluntad según nuestros prejuicios e ideologías. Ningún encuentro es posible cuando estamos dominados por nuestros pensamientos. Se instala una inseguridad frente a una relación de poder inútil.

Nuestras quejas, nuestros juicios e interpretaciones son mecanismos de defensa. Protegen la imagen dañada que tenemos de nosotros mismos pero alimentan miedos. La guerra, muchas veces, disfrazada, se declara. El cónyuge ligado con su débil imagen mental, en la cual se ha identificado, mantendrá inconscientemente su actitud defensiva.

 

No olvidemos que nuestra unión es el fruto de un amor. Nuestro bien-amado(a) tiene también cualidades que nos ilusiono. Querer cambiar a alguien, es moldearlo según un ideal que nos reconforta. Buscamos una fotocopia y no nos interesa el otro. Tratar de cambiar es un acto violento y agresivo. No es amor. Negamos la persona en su identidad, la desvalorizamos y la amenguamos.

Si su actitud no encaja con nuestra idea preconcebida no es por desprecio. Eso es nuestra interpretación. Su percepción de la situación es diferente así como sus prioridades. En un tierno y cálido movimiento, escuchemos atentamente y tratemos de comprenderlo. Tiremos nuestro escudo.

Consientes que el hecho de tener razón importa poco, aporta paz y abre el diálogo. No confundamos pensamientos e identidad.

 

 

          Aceptemos el ser que somos,

        descubriremos a nuestra pareja tal como es

 

La imagen negativa que tenemos de nosotros mismos es el resultado de nuestra mente. La baja autoestima que hemos integrado durante nuestra niñez es, por parte, responsable de nuestras dificultades para identificar una relación de dependencia. Buscamos imperiosamente que nos valoren y nos respeten como compensación a necesidades afectivas que no fueron satisfechas. También, la sociedad nos organiza la vida, nos ofrece de forma muy perjudicial modelos y ideas erróneas sobre lo que debe de ser el amor. Con sus críticas y valores conllevan riesgos de confusión.

 

Respetemos nuestros miedos. No tengamos mas cortedad. Atrevámonos a confesar con fuerza, determinación y coraje nuestras debilidades y nuestras faltas de conocimientos en numerosas competencias. Afirmemos lo que sentimos. Vamos a cambiar y reforzarnos.

El simple hecho de reconocer nuestras lagunas relaja nuestra agitación mental. Ganaremos confianza, amor propio y libertad. No habrá nada más a defender o a disimular. Nadie podrá dañarnos. La aceptación de si mismo se hace paso a paso. Mantengamos nuestros esfuerzos, conociéndonos  y actuemos.

 

Algunas personas sienten dificultades para recordar palabras y actitudes cariñosas de sus padres o sustitutos. No lograron integrar de manera profunda e intima que podían contar con alguien. El menor desacuerdo reactiva un sentimiento de soledad y de rechazo. Si nuestro niño interior busca amor y atención o si se siente herido, aceptemos. Si estamos inquietos, disgustados o buscamos  provocar un conflicto, debemos de reconocerlo y acabará, entonces, por desaparecer.

No culpemos los demás de lo que nos ocurre. Centrémonos sobre lo que nos llega y decidamos. La mejor solución se convertirá en un encuentro significativo. Un individuo no tiene como función aliviar nuestras heridas y nuestras angustias. Nos pertenecen. Tampoco debe despertarlas. Donde moran egoísmo, luchas y odio, el Amor no tiene cabida. El miedo se interpone como un escudo entre ambos protagonistas.

         Me observo y me despierto a la vida

 

Como un investigador, identifico en los más mínimos detalles los hechos y motivos que me han provocado miedos. Los eliminaremos por completo. El esfuerzo tendrá que ser mantenido para observar nuestras reacciones. Debemos cuidarlas.

Con honestidad, vamos a contestar a ciertas preguntas (ver también el capítulo de los miedos): ¿Cómo me siento? ¿feliz o angustiado? ¿De qué tengo miedo? ¿Qué despierta esta ansiedad? Y lo analizo. ¿Qué busco con esta relación? ¿Soy libre o enganchado? ¿Que necesito? ¿De qué tengo cortedad? ¿Porque tengo miedo a decir lo que siento? Me atrevo a decirlo y lo  Admítelo. ¿Qué quiero? ¿Como es mi forma de amar? Reconoce sin juicio tu manera de ser. Hablar de tus miedos permite desdramatizar y sanar.

Luego, examina detenidamente tu pareja: ¿Cómo demuestra su amor? ¿Alimenta el vínculo? ¿disfrutas de tus propios logros? ¿Cuales son sus sufrimientos y miedos?

Escucha atentamente la narración de su historia personal. ¿Que papel adopta, el de víctima o el de responsable? ¿Se ha desprendido de su pasado o lo persigue como un fantasma? ¿Hace lo que dice? ¿O dice pero no hace nada? ¿Es generoso? ¿Sabemos dialogar o discutimos? ¿ Tengo apoyo, me respeta, me escucha cuidadosamente o tenemos una relación de poder? ¿Tiene una vida autónoma? ¿Somos compatibles en nuestros valores esenciales?

 

Suelta lo que sientes, expresándolo en primera persona, yo, y no intérpretes, es decir, . Es lo que todos hacemos sin darnos cuenta.

Ejemplo: estoy triste, no entiendo tu forma de actuar, estoy disgustado, no estoy de acuerdo con lo que dices en lugar de, tienes la culpa de mi ira, me llevas la contraria a propósito, me tomas por un imbécil. Eso es tu verdad y no la realidad.

 

          Estoy de nuevo en Paz = no tengo miedo

La voluntad de encontrar serenidad y felicidad juntos debe ser la prioridad. Escucha con interés para entender su actitud. Si sientes que tu pareja está cerrada a toda discusión, con un movimiento benévolo, guarda silencio. El silencio es la cuna de las relaciones interpersonales. Permite escuchar a quien nos habla, amplia y profundiza el encuentro con el amor. Callarse no significa ceder ni someterse. Es tomar la decisión para los dos de aportar Paz.

Seremos el que reconoce una dificultad. Si nuestra pareja se siente atendida y respetada renunciara a imponer sus opiniones y creencias. Si no hay nada a defender, no hay más confrontaciones. Dar un descanso a nuestra mente, generando silencio, nos permite abrir el corazón. Nos sentimos liberados de las angustias y a la vez dispuestos a acoger de una manera única el que viene a nuestro encuentro.

         Libre, podemos Amar

 

El Amor puede crecer cuando nos deshacemos de nuestros miedos y rígidas creencias mentales. Amarnos a nosotros mismos es la condición fundamental para amar a los demás. Admitamos el ser que somos y aceptemos también que otros puedan tener una imagen y una opinión deformadas de nosotros. Confundimos pensamientos que podemos cambiar con identidad, nuestra marca de fabrica. Las opiniones de los demás no nos determinan. Un individuo que acepta su ser con sus limites, no espera ni tiene que demostrar nada a nadie. Acoge tus imperfecciones, feliz y en paz. Deja de estar cautivo y secuestrado por los demás. Una inmensa alegría, una fuerza y una energía insospechables se liberan entonces.

Tenemos todos sufrimientos que abrazamos de forma muy distinta. Pierden su consistencia si les concedemos una morada. En vez de evadirlos buscando alguien desesperadamente para llenar un vacío insoportable, tomemos la responsabilidad de cuidarnos. La transformación de nuestro ser puede entonces efectuarse.

 

Nuestra sola compañía es nuestra mejor amiga.

 

Cuando entendemos, en el fondo, que el hecho de tener razón a toda costa importa poco, descubrimos con Felicidad que las reacciones de los demás se debilitan incluso desaparecen. El Amor llama a la puerta y ofrece un autentico encuentro entre dos seres.

 

Sin posesiones mentales, sin creencias y sin perjuicios podemos Amar libremente. Gozamos de una mayor tranquilidad mental. Es el único camino que nos conduce a la Felicidad mutua.

Pero si por desgracia, percibimos que las opiniones o acciones de nuestra pareja son opuestas sin posibilidad de apertura y sin respeto a nuestra persona, un separación resultara más beneficiosa. Si el uno sigue apegado a creencias o ideas preconcebidas demasiadas fijas, tan necesarias a su identidad cuando el otro se ha liberado de esta terrible tiranía, la relación corre el riesgo de desmoronarse. Conscientes de los límites de cada uno, una separación, sin rencor, sin odio y sin conflicto aportará la mejor solución.

 

 

                                      Caso peculiar : Una pseudo-relación amorosa,

                                      y ademas patológica

 

Patológica en el sentido de que el individuo niega totalmente su estado de salud y la gravedad de sus actos. Totalmente inconsciente, destruye todo a su alrededor.

Si tienes roce con una persona que presenta estos 6 rasgos de personalidad, anda con mucho cuidado. Está enferma y es un peligro para tu salud.

 

                     1. Narciso

Gran seductor, en los primeros intercambios, da la sensación que presta atención a las personas. Son muy hábiles en  análisis y  comunicación. Utilizan frases ambiguas, inacabadas y contradictorias. Observarás rápidamente que se interesa poco por  tus vivencias y, si lo hace, no se detiene. Tu vida no tiene ningún interés. Lo que quiere, es utilizarte y verte sufrir.

 

                   2. El conde Dracula o Carmilla, la mujer vampiro

 

Este individuo, hombre o mujer, busca personalidades alegres, inteligentes, felices, optimistas. Gracias a ellas, va a poder lucir y lograr que se reconozca su existencia. Pero te va a robar toda tu vitalidad. Puede mostrarse carismático y simpático. Busca atención haciéndose notorio. Es un(a) tramposo(a),  débil que procura controlarte y desvalorizarte. Sentirás muy pronto un clima malvado y un malestar. Ese individuo desprecia a la gente. Puede obligarte, sin darte cuenta, a cosas que nunca habrías hecho de tu propia voluntad.

Te tiene secuestrado(a) con chantaje afectivo. No cedas.

                3. Camaleón o Enemigo en público

Según las personas con quien se relaciona, representara un papel de quien desean que sea. Agradable, puede no hacer mucho ruido, parecer humilde, amistoso o con un gran sentido del humor. Tiene miedo a que lo critiquen y modifica sus opiniones según la gente. Es la ocasión ideal para humillarte, herirte o despreciarte en presencia de otros. Tiene una baja autoestima, desconfía en el mismo y aun en los demás. Representar personajes implica un gran esfuerzo que no se puede mantener indefinidamente, en particular después de que se inicia la vida en común. No cree que pueda existir amor, felicidad, alegría que calumnia con sus palabras. Llora de desesperación cuando no consigue lo que quiere y eso te puede causar una gran confusión. Por lo tanto, cambia su papel en seguida si un imprevisto se presenta o si obtiene lo que quiere de ti. Allí donde podemos estar sacudidos, el se recupera sin ninguna emoción. La paz y la serenidad lo perturban. Los conflictos, las agresiones y críticas son la base de la relación que maneja con mucha habilidad.

 

                4. Ilusionista

 

Mientras nadie se interponga en su camino mostrara el papel que esperamos de el. Los mecanismos sutiles que utiliza atraen su cautivo(a) con un juego enigmático y secreto. Es un artista en el arte de la mentira y sabe utilizar los aspectos emocionales y sentimentales para generar fe y compasión a las personas que le interesa. En alerta, se entrega poco o demasiado en un registro trágico. Los elementos de su historia, siempre los mismos, son confusos en los detalles cronológicos y por supuesto dramáticos. Ellos suscitan así nuestra compasión.

Pero atención, Todos tenemos, a diferentes grados, acontecimientos dolorosos y difíciles. Ellos no nos endurecieron. Guardamos nuestra sensibilidad y nuestra cualidad de corazón. Las pruebas no nos transforman en seres depravados y despiadados.

 

             5. Caliméro, el desafortunado pollito

El individuo se presenta siempre como una víctima. Sus vivencias no le aportan ninguna enseñanza positiva. Se sirve de eso para justificar sus actitudes inaceptables. Nunca se cuestiona sobre sus actos y si lo hace es una trampa, no tiene ningún cuidado a lo que dices. Muy rápido, te sorprenderá por su vocabulario grosero e indelicado.

 

              6. Un Ermitaño

 

Muy a menudo vive sólo, desconfía de la gente y procurará aislarte. Eres su propiedad. Tiene muy pocos amigos, más bien son conocidos, pero puede dar, al principio, la sensación de estar rodeado de ellos. Esclavo(a) eres obligado(a) a satisfacer todos sus caprichos.

Frente a este cuadro clínico alarmante, no puedes hacer nada salvo intentar estar lo más lejos posible. Es difícil vivir con este estilo de individuo. Pierdes tu alegría y te consumes la vida.

 

Encontrarás la energía, la fuerza y el coraje de reconstruirte. No permitas que nadie te haga sufrir, aléjate de quien te quiere mal. Pide ayuda. El silencio te condena.

 

 

Para disfrutar de un verdadero AMOR, parece que, tarde o temprano, tengamos que atropellarnos con el sufrimiento. Es casi ineludible. Nos obliga a entrar en contacto con nosotros mismos con el fin de comprendernos mejor, amarnos y ser nuestro mejor amigo. Podremos entonces, sin ninguna duda, chisparnos con el dulce perfume del amor, Libre y  Feliz.

© PeterB
 

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        C'est un engagement qui exige une attention et un concentration sur le problème posé. Elle permet un travail sur soi approfondi. Elle libère et nous permet de reconnaître notre souffrance, de ne plus la subir comme une blessure qui nous détruit.

 

                    “A raconter ses maux souvent on les soulage” 

                                       Pierre CORNEILLE

 

 

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       Au téléphone, il n'y a plus de barrière, nous pouvons nous livrer sans se soucier du jugement ou d'une quelconque expression de son interlocuteur. On ne le voit pas.

    

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